
Cuando hablamos del virus Melissa, nos referimos a uno de los macro virus más emblemáticos de la historia del malware. Este tipo de amenaza se presentaba como un documento de texto aparentemente inofensivo, pero con comportamientos maliciosos capaces de comprometer sistemas completos. A fines de los años noventa, el virus Melissa se convirtió en un caso paradigmático por su velocidad de propagación y por evidenciar, por primera vez a gran escala, el poder del correo electrónico como vector de ataque.
Tras su liberación, Melissa se propagó en pocas horas por todo el mundo. Infectó miles de computadoras que utilizaban Microsoft Outlook como cliente de correo. Afectó a sistemas Windows 95, 98, NT y Macintosh. Además, provocó pérdidas superiores a los 80 millones de dólares. Su velocidad de expansión fue inédita para la época.
El virus se difundía mediante correos electrónicos engañosos. Los mensajes parecían enviados por contactos conocidos. Incluían un archivo adjunto de Word llamado list.doc. El texto invitaba a abrir el documento con urgencia y discreción.
Una vez abierto, Melissa se copiaba a sí mismo en otros documentos. También deshabilitaba las configuraciones de seguridad de macros. Su rasgo distintivo era la capacidad de replicación. Utilizaba Outlook para enviarse automáticamente a 50 contactos del sistema.
Además, el virus podía modificar documentos del usuario. Agregaba comentarios de la serie Los Simpsons. También era capaz de enviar información confidencial sin ser detectado.
Como lo prometido es deuda, llegó el turno de saber qué fue de la vida de su creador, el ya mencionado David L. Smith, quien sí fue detectado pero por las autoridades. Lo anecdótico es que cuando fue arrestado afirmó que no dimensionó el impacto que podía llegar a tener Melissa y que solo quiso hacer una broma inofensiva. “No tenía idea de que habría consecuencias tan profundas para otros”, aseguró en su declaración.
Lo cierto es que tras declararse culpable de crear y propagar códigos maliciosos, fue condenado a casi dos años de prisión en el año 2002 , una multa cercana a los 5.000 dólares, la obligación de cumplir con tareas comunitarias y la indicación de “no involucrarse en redes de computadoras, Internet o anuncios de Internet a menos que la Corte lo autorizara” cuando fuese liberado.
¿Un último dato de color? El nombre Melissa fue elegido en honor a una bailarina exótica conocida por el creador del virus. Y más allá de que este malware histórico ha quedado fuera de las pistas, hay varias amenazas que aún siguen buscando obnubilar con compases extraños, estafas y engaños a víctimas distraídas o que prestan poca atención a su seguridad digital.
¿El mejor compañero de baile, en estos casos ? Una solución antimalware galardonada, confiable y robusta, que permita disfrutar del mundo digital mientras los datos e información están protegidos.