Aunque las nuevas normas australianas buscan proteger a los menores de los riesgos de las redes sociales, prohibirles el acceso no va a mejorar su experiencia digital.
Los problemas de fondo seguirán presentes:
Además, cuando alguien cumple 16 años, ¿es de repente aceptable someterlo a los problemas de los que ha estado protegido? Todas las personas deberían estar protegidas de contenidos nocivos, abusos y otras experiencias negativas. La historia también muestra que prohibir algo aumenta el interés. Recuerdo que en mi juventud, cuando las radios prohibían canciones como “Relax” de Frankie Goes to Hollywood, hacía que más gente quisiera escucharla. En este caso, la prohibición podría impulsar a los menores a buscar vías alternativas, aumentando los riesgos.
La legislación sobre verificación de la edad ha dado lugar a numerosas tecnologías de verificación de la edad en los sitios web que necesitan restringir sus contenidos. Algunas tecnologías ofrecen la determinación de la edad en tiempo real basándose en los rasgos faciales, mientras que otras recurren a documentos de identificación o financieros emitidos por el gobierno.
Todos estos enfoques pueden crear problemas de privacidad en torno a la recopilación y almacenamiento de datos. Si a esto le añadimos correos electrónicos de phishing, estafas románticas, fraudes financieros y todas las demás formas en que los ciberdelincuentes y los estafadores intentan engañar a sus víctimas, cabe preguntarse si el funcionamiento actual de los servicios y las aplicaciones de internet sigue siendo el adecuado.
Existe la creencia de que los comportamientos abusivos en internet provienen de actores lejanos o anónimos. Sin embargo, una investigación de la BBC reveló miles de mensajes extremadamente violentos dirigidos a figuras del fútbol profesional en un solo fin de semana. La falta de verificación de identidad y el uso de VPN dificultan la identificación de los responsables.
En la mayoría de los servicios digitales, el anonimato permite crear cuentas sin una identidad verificable. Aunque históricamente se asoció a la libertad en internet, este modelo facilita el abuso y la impunidad. Exigir identificación formal podría reducir usuarios, ya que introduce fricción en plataformas que dependen del volumen para monetizar.
Este escenario abre un debate clave: si internet necesita avanzar hacia usuarios verificados y autenticados. No se trata de eliminar el anonimato por completo, sino de limitar la interacción y los contenidos provenientes de usuarios no verificados.
Un sistema de verificación permitiría reducir abusos, proteger a figuras públicas y establecer consecuencias legales ante amenazas graves. En el caso de los menores, restringir la interacción a usuarios identificables podría eliminar la mayoría de los riesgos actuales.
Además, este enfoque puede extenderse al correo electrónico. Incorporar filtros para remitentes no verificados ayudaría a reducir ataques de spear-phishing y amenazas dirigidas. Aunque no es una solución definitiva, suma una capa adicional de seguridad.
La verificación de identidad no elimina la opción de proteger la identidad. Por ejemplo, una plataforma de citas puede verificar la identidad de todos los suscriptores, pero seguir permitiéndoles adoptar cualquier identidad de perfil que elijan. La protección consiste en saber que cada miembro de la plataforma es una persona real y que su identidad es conocida por la plataforma. Así, cualquier abuso o fraude es atribuible al individuo, lo que permite a las autoridades competentes tomar medidas.
Pasar a un internet que distinga entre personas verificadas y no verificadas supondría una enorme modificación del statu quo. Las reclamaciones sobre las limitaciones de la libertad de expresión seguirían, mientras que las empresas que dependen del número de usuarios para demostrar su crecimiento podrían incluso tener que reajustar sus valoraciones.
Sin embargo, el concepto de identidades verificadas no silencia la expresión ni restringe la libertad. Lo que hace es dar a la gente la opción de filtrar el ruido y el abuso procedente de los no verificados.
Una cosa es segura: los métodos actuales de limitación de contenidos por edad no están resolviendo el problema de los contenidos no deseados, abusivos o ilegales. Y en lo que respecta a quienes tienen prohibido el uso de las redes sociales, es probable que las medidas empujen a algunos de ellos a la clandestinidad o les lleven a eludir las restricciones, lo que potencialmente será más peligroso y aumentará el riesgo, en lugar de reducirlo.
¿Ha llegado el momento de que los servicios de Internet adopten la verificación de identidad?