La inteligencia artificial seguirá evolucionando en 2025, y el foco estará en las interacciones impulsadas por IA. Más allá de avances en herramientas como ChatGPT, el futuro se perfila hacia experiencias más naturales, fluidas y eficientes. Start-ups emergentes están apostando por asistentes invisibles, agentes automatizados y mejoras en el lenguaje natural para redefinir la relación entre humanos y máquinas.
El ejemplo más claro de este tipo de apps es Granola. Toma el audio de las reuniones y empieza a elaborar ‘actas’ con los elementos clave. No es necesario usar bots porque el programa se instala en el equipo.
Si además tienes tus propias notas, Granola revisa, amplía y organiza la información. Todo esto lo hace en ‘background’, es un asistente completamente invisible que tiene sus funciones muy claras. No hay necesidad de prompts, ni indicaciones específicas.
Desarrollar aplicaciones basadas en IA para cada necesidad de una oficina y que no requieran prompts, puede ser una tarea descomunal. Pero el futuro luce cimentado sobre ‘superapps’ impulsadas por IA, capaces de (literalmente) conversar la una con la otra.
El verdadero nombre de esta tendencia es mucho más simple: computer use. Abre la posibilidad de contar con un asistente de IA que pueda ‘ver’ lo que hacemos en el equipo y en un momento específico, ‘tomar el control’.
En ese instante el agente puede mover el cursor, hacer los clics correspondientes y escribir en nombre nuestro (con nuestro estilo, por supuesto). The Browser Co y Google están trabajando en asistentes como estos para sus navegadores.
Sería para algunas tareas, casi como tener a dos trabajadores resolviendo: el humano en la parte más estratégica y la interacciones impulsadas por IA.
Desde la aparición de ChatGPT hemos querido establecer ‘conversaciones’ con las IAs, pero en ocasiones estas interacciones terminan convertidas en un ida y vuelta de preguntas y respuestas.
Son muchos los casos de usuarios que han desistido de aprovechar las bondades de la IA porque sus primeros relacionamientos con esta tecnología fueron frustrantes. O hay casos más delicados como el de Character AI.
No obstante, los nuevos avances prometen una experiencia mucho más natural en las conversaciones con IA. Las nuevas actualizaciones pueden escuchar audios largos con solicitudes complicadas y pueden obviar las interrupciones, las muletillas y los errores e interpretar fidedignamente la intención del usuario.
Cuando Microsoft presentó Recall, se levantaron muchas preocupaciones por los riesgos de privacidad. No era para menos: la idea de esta aplicación era tomar pantallazos constantes de lo que hace el usuario para que la IA sepa ‘cómo trabaja’ el humano y ayudarle en sus tareas.
Si bien las preocupaciones por la privacidad se mantienen, las gigantes tecnológicas están trabajando en cómo resolver este predicamento. El verdadero éxito de un asistente de IA dependerá de cuántos datos recibe: menos datos, menos funcionalidad.
La IA colaborativa será una de las apuestas más grandes. Cove es el ejemplo perfecto. Permite que varios usuarios que trabajan en un mismo proyecto puedan editar un mismo documento y hacer solicitudes simultáneas a la IA (que sería un miembro más del equipo).
De esta manera se eliminan los intermediarios o las sugerencias de varias IAs copiadas y pegadas por los usuarios en distintos momentos y se facilitan los procesos de colaboración de un equipo sobre un gran proyecto.
Las tendencias existen, más que nada, para analizarlas. El tiempo dirá si lo que se plantea es posible, si es posible a qué costo, y si al final será técnica, tecnológica y financieramente sostenible.
Son muchas las variables que pueden influir: muchas ideas se ven muy bien en el papel pero al implementar la experiencia del usuario final dicta otra cosa, o la viabilidad financiera es apenas suficiente y muchas start-ups se hunden antes de empezar a navegar.
Mientras tanto, seamos testigos de la construcción del presente y futuro de la IA.