La forma en la que los cibercriminales llegan a las contraseñas de los usuarios es variada en cuanto a dificultad o conocimiento técnico necesario. Podemos dividir estas metodologías en tres: Aquellas que abusan de técnicas de ingeniería social, las que utilizan malware y las que ocurren producto de un ataque a la organización que debiera protegerlas.
El método más utilizado es el phishing que consiste en el envío de correos electrónicos, o aplicaciones de mensajería en los que el atacante se hace pasar por una entidad legítima para engañar a la víctima y persuadirla de que entregue sus datos de acceso de forma voluntaria.
Estos mensajes tienen como característica común que apelan a la urgencia y simulan ser una notificación de algún problema que requiere acción inmediata: inconvenientes con una cuenta, un pago rechazado, problemas con una reserva, entre miles de excusas.
Los mensajes falsos suelen contener un link malicioso a sitios que imitan a los legítimos para lograr el robo de los datos sensibles de las víctimas, entre ellos contraseñas y nombres de usuario.
Otra forma que toma el phishing es a través de sitios falsos que se posicionan entre los resultados de buscadores como Google como anuncios patrocinados, el atacante paga por visibilidad para suplantar páginas reales.
En estos escenarios hasta personas precavidas pueden ser engañadas a hacer clic en un resultado aparentemente legítimo que replica la identidad visual de bancos, plataformas de correo, servicios en la nube o empresas de renombre.
En todos los casos, usan falsamente el nombre de entidades públicas o compañías reconocidas para reducir las barreras de desconfianza y aumenta la efectividad del ataque.
Otra vía frecuente para el robo de contraseñas es el uso de malware que actúan una vez que el dispositivo del usuario ya fue comprometido. En estos casos, no hay un engaño puntual ni un mensaje que funcione como alerta: el robo ocurre en segundo plano, muchas veces sin que la víctima lo perciba.
Los infostealers, keyloggers y spyware tienen en común la recolección de información sensible de forma continua, incluyendo contraseñas almacenadas en navegadores, datos de autocompletado, credenciales de aplicaciones y sesiones activas.
El impacto de estos tipos de malware no se limita a una sola cuenta, ya que el programa malicioso sigue recolectando credenciales mientras el usuario utiliza el dispositivo infectado.
Otra fuente relevante de robo de credenciales son los incidentes en los que las bases de datos de una organización quedan expuestas como consecuencia de una debilidad o falla en sus sistemas.
En los escenarios más críticos, las filtraciones incluyen credenciales completas, ya sea en texto plano o con mecanismos de protección débiles, lo que permite a los atacantes reutilizarlas de forma inmediata. Sin embargo, incluso cuando las contraseñas no quedan expuestas directamente, la filtración de correos electrónicos o nombres de usuario sigue siendo valiosa. Esta información se utiliza luego como base para ataques de relleno de credenciales o fuerza bruta, aprovechando la reutilización de contraseñas entre distintos servicios.
Una vez que una base de datos es comprometida, la información puede circular durante años en foros clandestinos y reutilizarse en distintos contextos y contra múltiples plataformas. De esta forma, una brecha puntual en una organización termina amplificando el riesgo para otras empresas y para los propios usuarios, incluso mucho después de que el incidente original haya sido corregido.
El robo de credenciales puede producirse a través de distintos vectores. La prevención no depende de que tomemos una sola medida, sino de una combinación de prácticas:
1) Usar contraseñas únicas y robustas para cada servicio.
2) Habilitar la autenticación multifactor cuando sea posible.
3) Desconfiar de mensajes inesperados y evitar descargar archivos o ingresar a enlaces sospechosos.
4) Almacenar las contraseñas en gestores, y evitar guardarlas en texto plano o en dispositivos compartidos.
5) Mantener sistemas y aplicaciones actualizadas para enmendar posibles vulnerabilidades que tengan.
6) Revisar accesos y actividad inusual en las cuentas.
En el caso de las organizaciones, el robo de credenciales no es un problema aislado de los usuarios, sino un riesgo estructural que suele habilitar accesos iniciales, movimientos laterales y fraudes. Para reducir su impacto, se requieren además otros controles extra:
1) Aplicar políticas de Zero Trust y mínimo privilegio, para reducir el impacto de una posible credencial comprometida.
2) Monitorear de manera activa los intentos de autenticación y comportamientos anómalos, como accesos desde una ubicación inusual u horarios atípicos.
3) Verificar que no haya servicios innecesariamente expuestos a la internet, para evitar intrusiones mediante el credential stuffing o la fuerza bruta.
4) Capacitar a los colaboradores de forma continua, con foco en ciberataques que se basan en ingenería social.
5) Prepararse para contener un acceso indebido producto de una credencial robada, con procedimientos de revocación y respuesta para limitar su impacto.
Cuando una contraseña se ve comprometida, el tiempo de reacción hace la diferencia entre un incidente aislado o un problema mayor. Por esto, recomendamos:
– Cambiar las contraseñas afectadas y todas aquellas donde se haya usado la misma credencial.
– Cerrar las sesiones activas de la cuenta afectada y desautorizar accesos recientes, en servicios y aplicaciones donde exista la posibilidad.
– Verificar cambios no autorizados en las cuentas, y monitorear para el futuro: Mensajes, configuraciones, pagos, entre otros.
– Usar una herramienta de seguridad en los dispositivos potencialmente afectados, para eliminar códigos maliciosos si los hubiere.
Si bien el robo de contraseñas no es una problemática nueva, sí es una que sigue creciendo y adaptándose a las nuevas tecnologías. En estas líneas, la educación digital y las buenas practicas se vuelven necesarias para proteger nuestra identidad, información y dispositivos a nivel individual y corporativo. Mantenerse informado es vital para adelantarnos a las últimas tendencias de seguridad informática.
Robo de credenciales: métodos más frecuentes y recomendaciones para reducir el riesgo